¡Deja de hablar!


 A menudo nos dejamos envolver por el ruido que emitimos tanto externa, como internamente. El bullicio nos distrae de lo que es verdaderamente importante.  

Una de las preguntas más frecuentes que nos hacemos cuando tratamos de encontrar la mejoría en nuestra vida, es: ¿Cómo podemos ser más conscientes?. La respuesta es simple, deja de hablar, deshazte de esa constante música que compones en tu mente, tan variada, tan externa a lo que realmente eres, porque al momento de conocer el silencio, entrarás en ti y comenzarás a descubrirte como esencia, no como ser, no como individuo, sino como esencia. 

Solemos identificarnos con miles de cosas, personas, situaciones, palabras y demás, pero no somos nada de eso, no somos un "algo" en concreto; todas esas cosas con las que podríamos describirnos tienen un límite, son eso y punto. Nuestro origen va más allá de un cuerpo, más allá de que lo que vestimos; nada de lo que hay o no hay nos define, porque tenemos una identidad ilimitada. La mejor forma de vivir la experiencia humana es abrirse a entender la conexión que tenemos con la materia y la no materia, sin encerrarnos por voluntad propia en un esquema, sistema, opinión, ideal, pensamiento, sentimiento o cuestión.                                                          

La vida tiende a moverse sola, entre más nos evadimos para intentar alcanzar un "algo" externo, nos volvemos más vulnerables a los sentimientos miserables y grises, a los pensamientos densos, nos volvemos víctimas de la feria de la vida, de sus subidas inesperadas y sus caídas desgantastes. Dejamos que nos moldee el mundo y todo lo que habita en él, dejamos de sentir el control y no sabemos ni dónde estamos, ni hacia dónde vamos. Deambulamos. 

Pero, nunca es tarde para encontrar una solución, esta, inicia a partir de un primer paso, las puertas hacia el conocimiento y la plenitud están siempre abiertas, pero depende de una determinada y sutil elección acceder a todo aquello que vive dentro y fuera de nosotros, pero incapaces somos de verlo. 
Al lograr desapegarnos de todo lo que creemos ser, poco a poco encontraremos la verdad y el camino inexistente hacia adentro, hacia la infinidad amorosa y unificadora.

EL JUEGO DE LA PERSPECTIVA 

La perspectiva, una de las principales cuestiones que trunca nuestra evolución como personas. La tendencia a resistirnos ante todo mediante pensamientos destructivos como: "qué haré si no lo logro, no puedo, esto no es para mi,  soy, soy, soy, soy, soy..." ¿Acaso sabes lo que realmente eres?. 

La cantidad de estímulos que somos capaces de no procesar, son incalculables, nuestra pequeña mente termina por volverse en nuestra contra por su propio descontrol, por nuestra propia ignorancia. Nuestra incesante reflexión del mundo, genera sensaciones a nivel corporal y energético; el espacio entre el pensamiento y el sentimiento, es lo que da lugar a la realidad. 
Y aunque parece fácil de descifrar, es un poco complicado cuando no te das cuenta de que eres tu propio diablo y tu Mesías. 
Al momento del empoderamiento, solo tomas decisiones con firmeza y esquivas la necesidad de creer que eres todo eso que piensas o sientes; notas que nada alcanza para definirte, porque eres mucho, mucho más de lo que todos tus sentidos al unísono, son capaces de percibir. 

Ese instante en el que guardas silencio observándolo todo, es la fase en la que te abres a las posibilidades y la seguridad de existir sin miedo a ser o no ser. Se nota como si la paz llegase sola y el ahora fuera más hermoso de lo que nunca antes fue, se comprende como amor.  

Al final, la verdad es parecida a la creación, innumerables cantidades de partículas conforman cada trozo de materia dándole forma a la vida, somos multiversos. Así de infinita es la sabiduría y la comprensión del amor. 
La única forma de viajar a través de ella, es despertando todos los sentidos en un vacío similar al del aire, mudo e interminable. En ese espacio/tiempo, nos encontramos siempre, esencialmente.







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